Emprender desde el tercer sector en tiempos de crisis​

Emprender desde el tercer sector en tiempos de crisis​

5th mayo 2020 Opinión FNXE 0

Parece que el panorama no va a ser muy halagüeño en lo que a situación económica se refiere en este 2020 y 2021. Esto va a afectar a toda la actividad económica. España con un 12% del PIB ligado al turismo, con sector industrial en mínimos y con poca proyección internacional, con una fuerte deuda pública, y un déficit anual que contribuye a incrementarla, con poca especialización en sectores punteros, sean informáticos, o biológicos, militares, aeronáuticos o cualquier otro de tecnología punta, nos coloca muy expuestos a una respuesta ajustada por parte del estado, en lo que se refiere a la capacidad de movilizar recursos públicos para hacer frente a esta crisis. Podremos ingresar poco y gastaremos de más.

Necesariamente esto va a afectar a lo publico y, en ese campo, estamos las entidades sociales. Si vamos a tener que profundizar en los recortes y en la reducción de deuda ¿qué podemos hacer las entidades sociales y que le interesa hacer a las administraciones públicas en relación con el tercer sector?

 

¿Qué podemos hacer desde las entidades sociales para emprender en tiempos de crisis?

¿Qué podemos hacer desde las entidades sociales para emprender en tiempos de crisis?

 

El tercer sector, según datos de la Plataforma del Tercer Sector, y del estudio de la Fundación BBVA sobre Tercer Sector tiene unos dos millones de empleados. Cada contratado del tercer sector cuenta para reducir el desempleo, como cuenta cada contratado por un autónomo o una mircropyme. La representación de las opiniones y de interlocución con el mundo empresarial y político e incluso la presencia en medios de comunicación no está ajustada a ese volumen de empleados del sector no lucrativo y eso se debe a varios factores. El primero, la funcionarización de los dirigentes del tercer sector, su falta de iniciativa y de emprendimiento e incluso intraemprendimiento. Esto último es especialmente grave cuando canaliza, justamente, la iniciativa ciudadana para resolver problemas comunitarios y de tipo social.

¿Qué podemos hacer para fortalecer el tercer sector y que ayude a generar un amplio mercado de trabajo en torno a lo publico y sin las rigidices del mundo funcionarial – por otra parte imprescindible -?

En primer lugar, incentivar su iniciativa empresarial para que ayude a cofinanciar los servicios que desea realizar en beneficio de la comunidad. Para ello es exigible un tipo muy especial a nivel fiscal siempre que demuestre que son una entidad social real y con actividad pública – no instrumentos para reducir el pago de impuestos -. Ese tipo debería reflejarse en todos los impuestos – iva, sociedades, ibi, etc. Y debería trasladarse a empresas cuyo capital sea íntegramente de asociaciones y fundaciones, incluso asignándoles la letra G en el CIF dado que de facto serian entidades del sector de la economía social y sujetas a que los recursos se reinviertan o lleguen a sus dueños, las entidades no lucrativas, que por exigencia lo invertirían, de nuevo, en sus fines sociales y estaturarios.

 

 

Es exigible un tipo muy especial a nivel fiscal siempre que demuestre que son una entidad social real y con actividad pública – no instrumentos para reducir el pago de impuestos -.

 

Los instrumentos de financiación pública sean de Comunidades Autónomas o del Estado, deben incorporar siempre una línea especifica para que emprendan las entidades sociales. Sea en el ICO, sea en ENISA, o en institutos de finanzas de Comunidades Autónomas. No debe importar que en los primeros años no se usen en su totalidad – si es que eso llegara a ocurrir – ya que el emprendimiento desde entidades sociales es, si cabe, más difícil que el de la iniciativa empresarial particular. Los departamentos de riesgos de la banca deben aprender a valorar esas peticiones, a entender como funcionan las entidades de economía social, que de forma permanente deben contar con una línea de aval pública. No cuando viene una crisis, y si de forma permanente para el tercer sector. El motivo es evidente dada la repercusión en lo publico y el no reparto de beneficio. Para ello el Estado podrá limitar los salarios en el tercer sector de modo que no sea una vía de abono de elevados salarios- como forma de reparto de beneficios indirecta – a costa de recursos de todos. Bastaria con equiparlo a los salarios de servidores públicos para poder optar a estos recursos.

Todas las escuelas de negocio deberían reservar plazas becadas para gestores o directivos del tercer sector con el doble objetivo de mejorar la gestión de las entidades sociales y de que se produzca un acercamiento a nivel cultural y de relaciones profesionales entre el mundo empresarial y social.

Las empresas creadas desde entidades sociales deben tener un registro propio que permita su control y con facturaciones superiores al millón de euros estar sometidas a la obligación de auditoría de cuentas anual.

 

Todas las escuelas de negocio deberían reservar plazas becadas para gestores o directivos del tercer sector.

Todas las escuelas de negocio deberían reservar plazas becadas para gestores o directivos del tercer sector.

 

Igualmente, es imprescindible que el patrocinio desde empresas sea mas ágil, motivador e incluso tentador económicamente por su incentivo fiscal. Basta coger una presentación de impuestos de sociedades de una empresa de tamaño mediano, con facturación inferior a seis millones de euros, por ejemplo, para que el patrocinio no sea solo cosa de grandes empresas,  para comprobar que no le renta a nivel fiscal donar cada año a un proyecto un 0.5 de sus ingresos, por ejemplo, que para la entidad receptora supondría recibir en donación 30.000 euros.

Las redes asociativas y plataformas deben tener un papel fundamental en la validación de las entidades sociales ya que a mayor interacción entre entidades mayor control de las iniciativas se produce, se mejora el impacto social y se produce una más fácil detección de los chiringuitos que desvirtúan el excelente trabajo de las entidades sociales.

A cambio las entidades deber entender mejor su relación con las empresas, fomentando el mestizaje, adaptándose en lo posible a sus departamentos de marketing, deben dejar de ser súbditas de las administraciones públicas y pasar a ser colaboradores leales, pero exigentes en la defensa de sus objetivos sociales e independientemente del color político.

Las administraciones públicas deben entender que las entidades sociales complementan su labor, se debe ser exigente en el uso de recursos públicos, pero no hacer que la mitad de los recursos de las entidades sociales se destinen a justificar subvenciones y a elaborar toda la burocracia que exigen las subvenciones.

Con estos y otros cambios se puede lograr que el tercer sector se fortalezca y crezca como fuente de yacimientos de empleo.

 

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